
España, que había iniciado una rápida recuperación económica y militar, organizó la mayor expedición naval hispánica desde la Grande y Felicísima Armada e invadió la Sicilia saboyana tras recuperar la Cerdeña austriaca. Ante aquel inesperado despliegue de fuerza, Londres, París, Viena y Turín reaccionaron sin titubeos y Felipe V tuvo que enfrentarse a la gran coalición europea. Aunque fallido, el intento de recuperación de la vieja Italia española marcó el inicio del exitoso regreso de España al plano internacional como gran potencia militar y naval, que se concretaría en las dos décadas siguientes.